El punto de partida del hallazgo de esta necrópolis lo enmarca la curiosidad. Las fuertes lluvias caídas en el Otoño de 2007, provocan la erosión del terreno y con él, la aparición de una Urna Cineraria, la que pasaría a denominarse como Urna o Caja de los Guerreros. Fruto de este hallazgo se llevan a cabo las excavaciones pertinentes que confirman la existencia de una Necrópolis Íbera.
El resultado final engloba un conjunto de 34 tumbas de distinto tamaño, en mayor parte enterramientos colectivos, fechados en torno al s. I a.n.e.

-pequeñas estructuras funerarias de una sola -incineración,

-pequeñas cistas con una urna y un plato-tapadera

-columbarios colectivos,

-cámaras funerarias de entre 1 y 2 metros de longitud por algo menos de 1 metro de anchura, y, finalmente, 2 cámaras funerarias con áreas de respeto a su alrededor.

Del conjunto destaca la tumba principal, de piedra arenisca y con mampostería de grandes sillares y planta rectangular. Desde su posición se abría un gran espacio circular demarcado por un foso denominado "espacio de respeto", donde se realizaron los ritos funerarios en honor y memoria de quienes fueron allí enterrados. Entre ellos se ha documentado un ritual de libación (ceremonia religiosa, que consistía en derramar vino u otro licor después de probarlo). 

Al interior de la cámara funeraria se llegaba por el lado occidental a través de escalones realizados con grandes sillares. Enfrente se construyó una repisa sobre el suelo enlosado y en el lateral norte dos nichos a modo de cajas. La tumba se divide en dos parte, una parte masculina (este) y otra femenina (oeste), que vienen determinadas por la aparición de los restos de ajuar funerario.
Lo importante de este reciente hallazgo, además de la excelente factura de la obra arquitectónica y de la información recogida durante la excavación, “es el ajuar funerario recuperado, que caracteriza la riqueza propia de un príncipe y su familia”
Del conjunto de materiales arqueológicos destacan un conjunto de cráteras áticas (un total de 7 , de las cuales se han podido restaurar 4), de figuras rojas del siglo IV a.n.e., y amortizadas en el rito de enterramiento. También formaban parte de este ajuar un ánfora Dressel, los restos de un gran vaso de vidrio y un importante número de recipientes de cerámica ibérica pintada de época tardía.
También se han hallado en su interior los restos de un carro funerario de hierro y madera con apliques y adornos de bronce, destacando el hallazgo excepcional: de una cabeza de guerrero ibero que está siendo devorada un animal, seguramente una loba o leona.

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