La lápida templaría, sin duda se ha convertido en uno de los principales reclamos turísticos para todo aquel que visita Arjona y sobre todo en aquellos que además son lectores de Nicholas Wilcox (Juan Eslava Galán) y han tenido en alguna ocasión de leer la novela: "La Lápida Templaría".

La Lápida Templaría de Arjona que en su origen estuvo situada en la Cripta del Barón de Velasco data de 1914, elaborada a partir de una lápida o de unos manuscritos más antiguos por una logia masónica denominada "Los 12 Apóstoles", los cuales esculpieron una para cada miembro (12), perteneciendo la que actualmente está en Arjona al Barón de Velasco, lápida que actualmente se encuentra situada en el patio del Ayuntamiento de Arjona.

Analizando el objeto en sí, sin más miramientos que su propia naturaleza y plasticidad, se trata de una lápida rectangular, realizada en mármol, que lleva grabado en su anverso una serie de trazos geométricos, entre los que se pueden adivinar, una estrella de 12 puntas, cuyo perímetro queda cerrado por dos círculos concéntricos, que van disminuyendo en radio hasta llegar a un cuadrado central cuyas cuatro esquinas sirven de centro para trazar otros cuatro círculos. Todo este conjunto de trazos superpuestos se completan con tres letra en hebreo colocadas en la parte superior, derecha e izquierda, formando entre sí un triángulo equilátero imaginario.

Verdaderamente, más allá del análisis formalista que acabos de realizar, la "lápida templaría" esconde en sí un enigma, una mándala geométrica creada nueve siglos antes de nuestra era por el pueblo elegido y por su rey , Salomón el cual, consiguió trazarla inspirándose de forma directa en la palabra de Dios. Esta mándala geométrica quedo plasmada en una mesa, conocida como la "Mesa del Rey Salomón", que se custodiaba en el Santa-Sanctórum de Jerusalén hasta el saqueo de este, por las tropas romanas en el siglo I d.C.

Sin duda la cábala intenta deducir, que si ha sido Dios el que ha inspirado directamente esos textos o esas formas geométricas a Salomón, ellos pueden ser un vehículo para acercarse a Dios, y conocer el Shem Shemaforash, el verdadero nombre de Dios y de la creación, así reza para el pueblo Judío. Por lo tanto, donde algunos solo ven trazos geométricos superpuestos con o sin sentido, otros van más allá, otros ven un enigma indescifrable, una palabra impronunciable, la esencia de la creación, de la suma sabiduría, un libro mudo, solo apto para estudiosos de la cábala.

¿Oculta por lo tanto el Shem Shemaforash de la Lápida de Arjona la puerta abierta al conocimiento?

Solo el tiempo nos dará la respuesta...

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